• Colectivo
 
Una señora de 65 años estaba casi dormida debajo de mis manos aceitadas. Antes de comenzar, me confesó que era su primer masaje en su vida y que se sentía con mucha vergüenza de ser tocada… la abuela NUNCA habia recibido un masaje!!! Una vez mas, me sentí honrada por ese tan inmenso regalo de acompañar a alguien en la iniciación de APRENDER A RECIBIR.
 
La abuela se desnudó. Su cuerpo, era un cuerpo de esos que yo no estoy muy acostumbrado a ver, de esos que no sale ni en revistas, vallas o ningún tipo de publicidad y lo observé en detalle: Un cuerpo grande, con mucha grasa, lleno de lunares. Unas piernas con várices casi hasta estallar, unos pies y unas manos tan resecas como un estropajo… yo me preguntaba tantas cosas… hace cuanto no ha sido acariciado este cuerpo con amor? y comence…
 
La señora se dormía y yo con amor la masajeaba.
 
Al final del masaje, la abuela agarro mis manos con fuerza y me dice “que Dios te bendiga esas manos por muchos muchos años mas.” Mi corazón latía fuerte y mi sonrisa llenó la sala.
 
Gracias abuela por aprender a recibir.
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