El mundo se despliega con la salida del sol ante sus diminutos pies, manos y ojos. El éxtasis de vivir, de descubrirlo todo, de volver y revolver al lugar, al rincón ya antes explorado y seguir encontrando formas y maneras nuevas de habitar el mundo. Así, el pequeño de un año y dos meses vive el presente y solo el presente…

Dentro de mí, cada mañana surge ese deseo de practicar yoga, y entre el sueño y el “agua agua agua papá papá” de Cosmo, desenrollo mi mat, activo el altar y me pongo como toda una yoguini con la plena disposición que requiere la Sadhana (práctica espiritual diaria). Suelto articulaciones, un saludo al sol, uno y medio y ya comienzo a sentir una garrapata que se va trepando por mis piernas… perro abajo y un sercito se mete debajo como si yo fuera un gran puente… sonrío… lo saco de allí, lo monto en su triciclo… él vuelve hacia mi como si yo fuera un gran imán y la práctica un gran gran gran imán. Quisá las formas que toma mi cuerpo lo hace sentir como si yo fuera un parque de diversión! Lo abrazo, me siento, lo monto encima de mi y pienso…. “mmm.. bueno, el puente”… el puente con él encima… intenta lanzarse desde mi barriga.  Me detengo. Lo abrazo. Nos carcajeamos. Hasta ahí llegó mi práctica.

La práctica mas completa que un yogui puede completar: con disciplina, ternura, gratitud, risa, gozo, soltando las expectativas, recibiendo el presente como la vida misma  lo presenta, así, como debe de ser.

Deseo, y la vida se presenta y se despliega como tiene que presentarse, como tiene que ser. Abrázala!!!!!!!!!!!!!

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