Ayer se quedó habitado en mi la sensación de estar en una sesión con esta mujer que me enseñó que los huesos también son blandos.

Ella muy, muy flaca entró a la sala y se desnudó mientras no paraba de hablar muy nerviosamente. Yo mas que escuchar, observaba como ella respiraba mientras me contaba su vida… claramente no respiraba profundo y hasta su sombra olía a nicotina.

Le pedí que se acostara boca abajo en el futón y que respiráramos juntas por un momento para poder entrar en silencio y en estado de recibir. Ella era una de esas madres guerreras que tiene que darlo todo y más, por su familia.

Comencé con mis manos de elefante a llevarla a tierra, a que todo su cuerpo tocara TIERRA, que se despertaran sus células y que todas su maraña de pensamientos bajara por lo menos, al ombligo. Su alma me iba dictando a donde ir. Toqué sus costillas. Con mucha impresión al principio pues mis dedos cabían entre una y otra. De repente, trabajando en sus pulmones, nos encontramos, su alma y la mía, habitando ese espacio compasivo al que todos los humanos vamos en el silencio. Y fue desde ahí, desde ese momento que nuestras respiraciones se sincronizaron, que sus huesos se convirtieron en plastilina y pude penetrar profundo en ese pozo lleno de preocupaciones, rapidez y smog

Ni poder explicar esta Maria Palitos como salió del masaje de nuevo a su selva… la danza del amor verdaderamente lo transforma todo.

Gracias!

 

 

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